Un relato escrito a últimos de agosto, como incipiente premonición para alumbrar el futuro de una relación a distancia.
Martes 17 de Enero de 2012.-
Me encontraba sentado, con mi libreta de anotaciones personales, que siempre me acompaña a eventos importantes, y éste desde hace tiempo lo era y con ganas. En mi regazo, una novela que había comprado para la ocasión, pues qué mejor que emplear el largo tiempo que me esperaba que en un ameno rato de lectura.
Enfrascado en mis apuntes y sentado a mi lado un señor tecleando un ordenador portátil que sostenía en sus piernas, de unos cincuenta y largos, delgado, escaso pelo y canoso, mirada interesada y aguileña como su nariz y de expresión altanera pero a la vez amable, usaba gafas de montura dorada, traje impecable, gemelos.
No estaría describiendo a éste buen señor si no observara que a la par que tecleaba en su ordenador me dirigía a veces, por el rabillo del ojo la mirada por encima de sus gafas de lentes progresivas observando lo que yo hacía. Quizás por educación y por pasar el rato, por curiosidad, no se, carraspeó y se dirigió a mi en este tono:
-Disculpe amigo, ¿negocios o placer?
Yo, sorprendido...
-Perdone, ¿cómo dice?
-¿Que si viaja usted por negocios o por placer?
-Pues...por amor.
-¿Por amor? ¡admirable! Yo nunca viajé por amor, ¿qué tiene usted, a su mujer al otro lado del charco?
-Pues, es mi novia, pero con pretensiones de ser mi mujer, si Dios quiere. -reconozco que las preguntas de aquel curioso caballero me empezaban a cargar un poco, porque, ¿a el qué le importaba?-
-Ahora comprendo amigo el poema manuscrito que usted prepara....porque desde acá no veo bien pero por la forma, es un poema ¿no es cierto?
-Veo que es usted muy curioso; pues en efecto, son sonetos encadenados -dije tratando de ser amable, pero no si resquemor por la pesada insistencia de mi compañero de vuelo-.
-Discúlpeme amigo, soy Sergio, encantado -ofreciéndome afectuoso su mano-
-Encantado, David.
Otra vez se hizo el silencio, sólo roto por el rugido continuo y sordo de los propulsores de la aeronave.
Apenas acabé otro par de estrofas, mi compañero volvió a espetarme más conversación.
-¿Quiere un caramelo? ¡son de los buenos! Los compré en una vieja tienda que hay junto a la Plaza Mayor. Tome uno.
Por educación accedí, pero no pensé que aquello era una burda trampa para continuar la conversación.
Pues yo nunca creí en el amor, amigo, nunca; mi única y fugaz novia me abandonó por otro a los 28 y desde entonces no hago otra cosa que laburar y dedicarme a mis negocios. Pero amigo, tampoco soy un misógino, admiro a las mujeres y tengo amigas que me “miman”.
-Pues es triste, y dígame...
-Este, tutéame amigo David.
-Está bien, de tu. No entiendo cómo se puede vivir sin amor...
-Amigo, son actitudes ante la vida, yo me planteé que aquella chica sería mi última vez que sufría por una estupidez como el amor, y así ha sido y no me arrepiento.
-Perdona que discrepe, pero para mi es lo más hermoso que le puede pasar a una persona...
-¿Cómo dijiste? ¡Es horrible estar enamorado! ¡no sabés vos! Yo después de aquello se me fueron las ganas para toda la vida.
-¿Osea, eres un “forever alone”?
- ¿Un forever qué? ¿qué carajo es eso amigo?
De no haber sido porque sus facciones bonachonas me decían lo contrario, con esas formas le hubiera ignorado ya en todo el trayecto, pero, había algo en este improvisado compañero de viaje que me hacía mantener la conversación.
-Un forever alone en jerga popular es una persona que no tiene novio o novia según género, ni cree que lo tendrá nunca.
-Muy moderno. En todo caso vivo feliz así, no hay bronca.
Y tu novia, ¿tuvo que marchar por motivos laborales a Argentina?
-No, ella es de allí.
-Ah, ustedes se conocieron en algún viaje que hicieron, imagino...
-No.
-¿No? Perdona mi curiosidad, ...-le interrumpí súbito levantándome del asiento-
-¿No? Perdona mi curiosidad, ...-le interrumpí súbito levantándome del asiento-
-Amigo voy al servicio y a estirar las piernas, que ya llevamos unas horas aquí sentados.
-Muy bien, adelante.
Los nervios me quemaban por dentro, sentía partirme en dos por ello. Estaba alegre, por fin sería el día D, el encuentro, después de tanto tiempo.
¿Cómo reaccionaré? Siento que la amo y la deseo y durante todos estos meses nos hemos llevado bien, toda parece haber marchado bien. Eso si, nos hemos enzarzado a veces en discusiones, a veces absurdas, por el ansia de vernos, algunas inseguridades e incluso un día estuvimos a punto de...por mis malditos celos cibernéticos. Pero haciendo balance, merece la pena ¿si no, no estaría aquí, verdad? y mucho, la amo con locura.
En éstas cavilaciones, llegué de nuevo a mi asiento, situado en ventanilla. Mi compañero de asiento no estaba. Su portátil estaba en el asiento. Sin prestar demasiada atención al hecho, me dispuse a abrir mi novela y disfrutar de un rato de lectura.
La amena lectura y el llevar muchas horas de sueño de retraso, me hizo caer en un profundo sueño a los pocos minutos.
Vivo en una nube de felicidad.
No lo llaméis dependencia, porque soy libre en ella.
No lo llaméis enamoramiento pasajero, por que mis raíces se agarran férreamente a su tierra de forma perpetua formando el árbol amante del amor y una enorme sobra donde cobijarse los dos.
No me llaméis ciego, pues ciego es el que no sale de las tinieblas y tantea a palmos el terreno y nosotros juntos formamos el resplandor que nos hace iluminar un largo trecho de la vida.
No me llaméis loco, pues loco es aquel que pierde la razón y yo tengo mil razones para amarla con locura.
No me llaméis ingenuo, pues ingenuo es aquel que cree todo a pies juntillas y yo creo en ella porque tengo convicción en sus actos, sus palabras y hechos demostrados día a día.
El sueño.-
“Ven a mi, ven...”
Que calma reinaba en aquel paraje. Un enorme lago, y su majestuosa quietud solamente rota por los hermosos cantos de las aves que lo sobrevolaban. En las orillas, frondosos árboles y espesura verde que brotaba por doquier en esa tierra fértil. El cielo azul y yo en una barca de madera sentado preparando el aparejo para lanzar una de las dos cañas de pescar que utilizaba a bordo.
A punto estaba ya de lanzar, cuando en la otra detecté un leve movimiento, seguido de dos tirones certeros del hilo de línea, que me hicieron intentar recoger carrete tirando levemente en espera de recoger la presa. Pero el hilo estaba enganchado en algo; algo sólido seguramente en el fondo del lago y por más que intentaba, no se desenganchaba.
Después de soltar algunos improperios, decidí cortar la línea, para lo cual me arrimé al agua.
En ese momento percibí algo. De la calma del lago, de algún lugar salía un ruido agudo, casi inapreciable. Pero yo siempre tuve el oído muy fino, así que me dispuse a seguir el rastro y, extrañado, comprobé que provenía del hilo de pescar que se sumergía en el agua. Acerqué todavía más el oído a la línea y al agua, y de las agudas vibraciones, como de las cuerdas de una guitarra, de ese silbido pude escuchar ¡palabras!.
-¿Me estaré volviendo loco?, no puede ser -pensé en voz alta- .
Pero nunca me dejaba llevar por la primera impresión y como buen observador decidí comprobar que, en efecto, esas vibraciones eran reales. Para ello coloqué dos dedos en el sedal de pesca, en el hilo vibrante, y dejó de vibrar, ¡era cierto!
Mi curiosidad pudo más que nada, con lo cual aproximé mi oído aún más, casi rozando la línea, sin apreciar que mi cuerpo sobresalía de la barca considerablemente.
Tras unos segundos de atenta escucha pude apreciar con dificultad y casi descifrando lo que trasmitía: David...ven...a...miiii.
Justo al terminar el mensaje, algo que salía del agua me asió de un brazo y me tiró al agua. Una fuerza descomunal me empujaba al fondo del lago, mientras yo intentaba con una mano asirme a la madera de la barca, resbalando casi sin remisión ante la fuerza opositora de aquella “cosa” que me trataba de sumergir y cuando ya me iba a soltar, una mano me enganchó al vuelo de mi mano que ya naufragaba y empujó hacia arriba de mi, a la par que sentía que mi cuerpo se estiraba dolorosamente entre las dos fuerzas contrarias.
De aquella mano salvadora que intentaba sacarme del agua, detrás de aquel brazo y mientras luchaba por salir con su ayuda pude ver un rostro. Entre el agua que me cubría y en medio de aquella angustiosa y desesperada situación por fin descubrí que misteriosa figura estaba fuera del agua; ¡eras tu!
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-¡Pero cheehhh!
Una mano me zarandeaba el hombro de forma bastante brusca.
Me desperté desorientado, sin saber donde estaba.
-¡Che, Amigo!, de repente gritabas cosas y te movías como un loco, perdoná por despertarte así, ¡pero me he llevado dos codazos que la... , aun me duelen! ¿siempre soñás así?
-Perdón, perdón...no se que me ha pasado, una pesadilla supongo.
Aún no había salido de la confusión de ser despertado de esa forma.
-Tranquilo, ya pasó.
Miré el teléfono por saber qué trayecto quedaba.
-Aún las 10.35, hora española. Esto no se acabará nunca. Se hace larguísimo.
-¿Te parece? Jejeje, yo ya estoy acostumbrado. Raro es el mes que no me hago dos o tres, con sus vueltas...pero tranquilo, sólo faltan dos horas.
Por el ojo de la ventanilla del avión se atisbaba el amanecer de un nuevo día. Los reflejos de la alborada despuntaban reventando en mil colores, convirtiendo el infinito Océano Atlántico desde aquella privilegiada y majestuosa perspectiva, en un inmenso caleidoscopio hermosísimo.
Aquella masa ingente de agua reflejaba los recién nacidos rayos de luz del Sol, convirtiéndolos en miles de partículas brillantes de colores, como una premonición esperanzadora de futuro para ese nuevo día y como una buena nueva que anunciaba nuevos tiempos, nuevas expectativas y deseos. Un espectáculo digno de ver de aquel cansado, aunque maravilloso y único viaje para mi.
La llegada.-
Enredado con mi inesperado amigo en una interesante conversación sobre comida argentina versus española, el sol entraba sesgado por las ventanillas del avión. Volví la cara hacia el cristal de mi ventana.
-David, ya puedes cambiar la hora de tu reloj, ¡vamos a entrar en Buenos Aires!
En efecto a los segundos de dicho, la azafata anunciaba por la megafonía del avión la llegada al Aeropuerto Internacional de Ezeiza y a Buenos Aires, en español y en ingles.
Y yo en particular, sentía acelerarse mi pulso de una forma que nunca había experimentado, y en progresión geométrica. Pero no, no era por el aterrizaje, pues en esos momentos los neumáticos de la aeronave hacían contacto con la pista del Aeropuerto de Ezeiza.
Mirando los objetos pasar a toda velocidad ya en tierra, mi cabeza daba vueltas, estaba como en una nube y el único pensamiento era: “estoy aquí... después de todo, estoy aquí, ya voy amor mío...”.
La aeronave se detuvo.
Me levanté del asiento y me dispuse a recoger mi equipaje de mano, absorto por la situación y aturdido por el largo viaje.
Saliendo en fila con los demás pasajeros y bajando por las escaleras a tierra pude respirar por primera vez el aire del Nuevo Continente.
Con aquella sensación desconocida, todo era nuevo para mi. Mi corazón que, como un potro desbocado parecía salirse de mi pecho, la respiración agitada y mis pupilas dilatadas por la emoción, no sabía si volaba aún o estaba en tierra ya, pero mis pies cruzaban sin yo advertirlo el umbral de la terminal del aeropuerto.
El encuentro.-
Ahí supe que estaba en tierra, en ese preciso instante, cuando descubrí la bóveda blanca enorme de aquel recinto. Como en piloto automático, y al borde del colapso por la emoción, comencé a buscar rostros por entre la muchedumbre que se agolpaba en la terminal, cuando me crucé con otros ojos que buscaban. Mi cerebro tenía alojado hace tiempo un rostro en particular y se detuvo al ver aquel, sin llegar a acertar si era, pues estaba lejano.
Me fui aproximando despacio observando atentamente, muy atentamente y mientras mis datos visuales concordaban con los que tenía almacenados en mi cabeza, en porcentaje proporcional mis pies aceleraban el paso. En ese preciso momento esos ojos aún lejanos se voltearon hacia los míos por primera vez.
Tus manos se fueron a la cara y los dos echamos a correr sin detenernos hasta chocar nuestros cuerpos.
Nos abrazamos efectuando inconscientemente vueltas alrededor nuestra, primero muy rápido, después más despacio, riendo, llorando de alegría. Nos miramos por primera vez a los ojos, muy cerca. Yo creo que aquellos momentos de reconocimiento fueron eternos. Con lágrimas en los ojos, observamos detenidamente cada detalle de nuestros rostros, sin decir nada y de nuevo otro abrazo. Otra mirada ya más calmada y las primeras palabras.
-Nancy amor, ¡cuanto te he esperado este momento!
-Y yo...-dijiste en un apenas susurro llorando de la emoción-
-Pero el momento ha llegado mi vida, ¡ya estamos juntos! -Dije juntando las palmas de tus manos con las mías, mirándote fijamente y acercando tu boca a la mía-.
Fue el primer beso, beso inconsciente aún, pero certero y con toda la fuerza del amor, ¡el amor verdadero!
Y quiso nuestro destino
que nuestra senda fuera
después de esta larga espera
tal cual como lo imagino.
Y en efecto que fue así, más o menos y toda la realidad superó a la ficción. Todo maravilloso.
Y a modo de epílogo, mis impresiones fueron:
Desde el otro lado y esperando el avión de vuelta.
Impresiones de un enamorado.
¿Porqué dicen que las relaciones a la distancia no valen?
¿Quién marca la ley sobre esto?
A día de hoy, y tras un encuentro y convivencia de 15 días puedo decir que es como si la conociese exactamente de hace 7 meses, ¡y realmente ese es el tiempo en que nos conocemos!
En realidad estos 15 días no han venido nada más que a ser la confirmación de lo que los dos sabíamos. Que nos amamos el uno al otro con verdadera pasión.
No nos separamos ni media hora en estos días. Nada nos fue de sorpresa. Absolutamente todo fue como planificamos, es decir, maravilloso.
Nuestra boda fue sencilla pero llena de un sentimiento que ya quisieran muchas bodas imperiales de príncipes, princesas y demás estafermos mitológicos.
Tan lindo ha sido todo que hemos decidido acortar nuestra espera hasta la convivencia definitiva juntos en España un mes antes de lo previsto, si Dios quiere y todo va como hasta ahora.
Decidido a compartir con vos toda mi vida y a formar una linda familia por la que vivir y luchar, que es para lo que realmente venimos a este mundo (¿para qué sino?).
En definitiva, soy muy feliz. Nancy te amo hoy más que nunca amor mío.
FIN